El hombre que odiaba los espejos
...Era una fría noche de finales de noviembre, de ese noviembre sevillano otoñal
que anuncia ya los fríos y oscuridades del invierno; soplaba un fuerte viento y los
cielos habían abierto sus compuertas. Llegué al Amor de Calle algo tarde, sobre las 3 de
la madrugada. Me pusieron mi bourbon y lo tomé de un trago. Tenía frío; la noche era
desapacible y estaba calado hasta los huesos.
- Mi nombre es Sombra.
Esta frase la pronunció una chica morena, preciosa, con grandes ojos negros Ay un escaso vestido del
mismo color que dejaba ver kilómetros de piernas.
Sombra se había transformado en un bellísimo animal diabólico después de
poseerme...
...- ¿Quién eres?
- Sombra, la chica que te ha poseído bajo la cruz; la guardiana del mundo de la noche; la
amiga de Antonio Vargas Heredia. Ven, sube conmigo. Debes conocerlo y vas a conocerlo.
Después de arreglar mi atuendo entramos en la casa y me llevó al segundo piso. Una
chimenea iluminaba tenuemente un salón lleno de extraños objetos: ataúdes y cruces
invertidas se apilaban por doquier: coronas fúnebres, cortinas negras que recordaban
sudarios de pesadilla, lápidas. En un sillón frente al fuego estaba sentado un hombre de
alrededor de 40 años, lívido como la cera. l llegar hasta él, se puso en pie y se
dirigió a mí con las siguientes palabras:
- Eduardo, me alegro de conocerlo. Sombra me ha hablado de usted. Mi nombre es Antonio
Vargas Heredia, soy gitano y mi mundo es la noche. Siéntese, por favor...
Pasen y lean. |