El espíritu de
la monja mala
Quiso el azar que cerca de nuestra finca hubiera un caserón abandonado al que los niños
solían ir a jugar por las tardes y al que llamaban "la casa del terror". Según
me contaron una vez que pasó todo, el travieso Emilio convenció a Esteban de que en el
interior de la casa del terror vivía una monja muy mala que salía por las noches y
mataba a las cabras y ovejas e incluso a los niños que encontraba. Después de matarlos,
los guisaba y colgaba sus huesos en la casa. Algo de verdad había en toda aquella
historia ya que, como pude comprobar personalmente cuando todo acabó, la casa estaba
adornada con todo tipo de huesos de animales que los chiquillos mayores de fincas y casas
cercanas llevaban a la casa para decorarla, de acuerdo con sus macabros gustos.
Así pasaron varios días los niños con sus juegos hasta que ocurrió lo que voy a
contaros...
Pasen y lean.
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